• Este artículo lo ha realizado nuestro colaborador AESARA

    El juego no es sólo cosa de niños. Importancia del juego y recomendaciones para elegir un juguete.

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    Todos hemos jugado a un sinfín de juegos a lo largo de nuestra vida pero, ¿realmente sabemos los beneficios que aporta esta actividad?

    A través del juego nos relacionamos con el entorno, aprendemos, socializamos, potenciamos la creatividad y la imaginación, y canalizamos el estrés y la ansiedad. El juego potencia la autonomía, la independencia, la autoestima y fomenta el descubrimiento de nuestra propia identidad.

    Los juguetes son los instrumentos en torno a los cuales creamos el juego o las herramientas de apoyo que lo acompañan y ayudan a desarrollar determinadas capacidades intelectuales, afectivas y sociales. De ahí la importancia de elegir el juguete adecuado para nuestros hijos en base a la etapa de juego en la que se encuentre. Pero, como padres y madres, ¿cómo sabemos en qué etapa de juego se encuentran nuestros hijos? ¿Cuál es el juguete que debemos regalarle?

    Para empezar, es imprescindible partir de premisas como que el juguete sea deseado por el niño o adolescente, que sea seguro, adecuado a su edad, que sea simple y le permita fantasear, crear e imaginar, que no se elija en función del sexo del niño, que el mejor juguete no es necesariamente el más caro y que, tanto la carencia como el exceso de juguetes son negativos.

    Por otro lado, es necesario saber que el juego es importante en todas las etapas de la vida, aunque no de la misma forma ni en igual medida. Jugamos siendo bebés, niños, adolescentes, adultos y mayores, con diferentes objetivos y beneficios en cada etapa. Así, el bebé, a través del juego, conoce el mundo que le rodea, recibe una extraordinaria estimulación sensorial y desarrolla su coordinación motora. Por lo que, durante el primer año, necesita juguetes que le ayuden a descubrir su cuerpo y a distinguir texturas, formas y colores. Los más recomendables son los sonajeros, móviles de cuna, muñecos de goma y de trapo, mordedores, anillas, pelotas, animalitos y cubos para manipular, alfombras con actividades, juguetes sonoros y balancines.

    En cambio, los niños más pequeños, entre los 12 y los 24 meses, desarrollan su autonomía, el lenguaje, la imaginación, habilidades motrices y cognitivas, la imitación, y adquieren la capacidad para hacer relaciones de causa-efecto. Necesitan juguetes que potencien estas habilidades tales como cubos y bloques para encajar, formar y apilar, instrumentos musicales, coches, muñecas, pelotas, animalitos, juguetes de arrastre para tirar y empujar, juguetes para llenar, vaciar y cargar, juguetes que se activen, bailen o suenen al pulsar un botón.

    Entre los 2 y los 3 años predomina el comienzo del juego simbólico, es decir, la actividad lúdica en la que el niño, e incluso el adulto, crea situaciones mentales y combina hechos reales con hechos imaginarios, representa, fantasea, etc., a través de juguetes o conductas de juego. Por lo que el beneficio más importante a partir de esta etapa es el desarrollo de la creatividad, la imaginación, el lenguaje y el comienzo del desarrollo social. Son recomendables palas, cacharritos domésticos, pintura de dedos, arcilla, arena, teléfonos, títeres, coches y carretillas que le ayuden a deslizarse y moverse, triciclos, juguetes de construcciones, encajables de diferentes tamaños para insertar en un panel o unos dentro de otros, tableros para encajar piezas de diversas formas geométricas, rompecabezas pequeños y libros con imágenes para estimular el lenguaje.

    El aspecto social mencionado en la etapa anterior, cobra mayor importancia entre los 4 y los 6 años, momento en el que los niños necesitan que otros compañeros reconozcan lo que él vive en el juego y compartir ese juego-fantasía, de forma que todos pueden estar a bordo de un barco pirata construido con una caja de cartón, respetando ciertas normas implícitas necesarias para la creación y desarrollo de dicho juego. Así mismo, es el período de aprendizaje de canciones, contar cuentos y hacer preguntas. Durante este período, el niño debe disponer de juguetes del tipo de cocinas, talleres, disfraces, pizarras, muñecas y muñecos, títeres y marionetas articuladas, coches, motos, aviones, etc., columpios, aros, bolos, triciclos, pelotas saltarinas, maletines de manualidades para pintar, recortar, pegar, modelar, dibujar; juegos de clasificaciones y seriaciones, rompecabezas más complejos, dianas de bolas, plantillas de dibujos, pelotas, dominós infantiles, puzzles, instrumentos musicales y karaokes o micrófonos adecuados a la edad.

    Entre los 6 y los 14 años se desarrolla, afianza y enriquece el juego de reglas, que permite al niño disfrutar de los demás, asumir y experimentar distintos roles, respetar normas y resolver los conflictos que se generan en estas actividades regladas y, posteriormente, competitivas, con juegos en los que unos ganan y otros pierden. Durante este último período el juego fomenta el respeto hacia sí mismo y hacia los demás, el enriquecimiento del lenguaje, la resolución de conflictos y el desarrollo de vínculos afectivos y el sentimiento de compartir.

    Para los niños de entre 6 y 8 años son recomendables los coches, motos, muñecos, gasolineras, granjas, juegos de médicos, de maquillaje, de compras, de supermercado, de herramientas, de magia, balones, raquetas, bicicletas, patines, monopatines, coches teledirigidos, juegos de mesa y de reglas como el parchís, la oca, tres en raya, líos o twister, quién es quién, de destreza manual tipo equilibrios, pesca de piezas, cocodrilo sacamuelas, monos locos, el cocinero loco, el burro tozudo, etc., barajas de cartas infantiles, prismáticos, juegos de adivinanzas, de letras, de experimentos, puzzles más complejos, lectrones y conectores para emparejar conceptos, libros de historietas y cuentos, laberintos, instrumentos musicales y videojuegos de aventuras.

    Entre los 9 y los 14 años, los niños y los preadolescentes se interesan por actividades complicadas, se vuelven más reflexivos e introvertidos y necesitan su propio espacio. Prefieren juegos de deporte, estrategia, audiovisuales, electrónicos, de control remoto, música y de experimentos, por lo que los juguetes más apropiados pueden ser karaokes, maquillajes, disfraces, trenes, helicópteros y coches teledirigidos, dianas electrónicas, complementos de deportes según los intereses del niño, construcciones complejas, cometas, futbolines, ajedrez, barajas, dominó, 4 en línea, puzzles complejos y tridimensionales, bingos, juegos de mesa más complejos, de preguntas, gestos, imitación, creación de palabras, misterio, estrategia, ingenio, lógica, pruebas, de su programa favorito, etc., proyectores para calcar dibujos, cámaras de fotos, microscopios y videojuegos de acción, de deporte y de simulación, como los videojuegos de cocinar, cuidar mascotas, etc.

    Durante la adolescencia, el juego se convierte en una vía de evasión y diversión. No obstante, continúa aportando beneficios a nivel personal, permitiendo aprender valores y lecciones para toda la vida, mejorando el conocimiento de uno mismo, ampliando las relaciones sociales de calidad, fomentando, una vez más, la imaginación y la creatividad, el equilibrio emocional y afectivo, y preparando a los jóvenes para afrontar los retos que encontrarán en sus vidas, y para asumir protagonismo dentro de sus comunidades. Los juegos preferidos por los adolescentes son los relacionados con la tecnología y los videojuegos, los juegos de mesa, de estrategia, lógica e ingenio, puzzles complejos y juegos de palabras como el Cubo de Rubik o el Scrabble, juegos de preguntas o de entretenimiento para reír con amigos y familiares, juegos de rol, deportes y juegos tradicionales.

    Después de la adolescencia, a pesar de que el carácter del juego se restringe a un marco social y de ocio, éste no deja de ser nunca una herramienta de aprendizaje, una fuente de relajación y estimulación, una vía para desarrollar la imaginación y la creatividad y la capacidad para resolver problemas. Seguir jugando cuando somos adultos y mayores es una forma de aprovechar los recursos que aprendimos durante la infancia para seguir creciendo personalmente. Además, en torno a la tercera edad, esta actividad tiene una función de estimulación cognitiva, fomenta el buen funcionamiento de habilidades como atención, memoria, razonamiento, etc., y frena, aplaza y previene el desgaste propio de la edad o causado por trastornos y enfermedades neurológicas tales como la Demencia Senil, el Alzheimer, etc.

    Recuerden, el juego no es solo cosa de niños, sigamos jugando siendo adultos y mayores, y no olvidemos que somos una parte esencial en el desarrollo de nuestros hijos, somos los responsables de asegurar su tiempo de juego, su paso por cada una de las etapas descritas, su crecimiento intelectual, afectivo y social. Juega con tu hijo, deja que él juegue contigo, aprendan juntos y compartan un juguete de vez en cuando.

    Susana Nieto Trujillo
    Logopeda y Maestra de Educación Especial
    Centro Logopédico y Psicopedagógico Aesara

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